MISYON LANMOU

Puerto Príncipe, Haití- Hay que verlos llegar. Con sus ojitos dulces, llenos de cosquillitas y melao. Nada tangible al gusto, pero mucho al sentimiento. Juguetones, a veces tímidos y serios, pero sobre todo, listos y dispuestos. Son esa cara de Haití que te traes de vuelta cuando el avión despega y ya quieres regresar. Rítmicos y rumberos, igualitos a un tambor que suena en Loíza o al repique de plena en algún barrio boricua. Escandalosos, sobre todo. Pura vida.

Te agarran por la cintura y se te arreguindan al corazón como si te conocieran de siempre.Y te conocen. Y los conoces. Porque son el Caribe mismo, ese que a veces, se nos borra de la memoria. Ese juego en peregrina de la infancia, esa risa contagiosa, esa inocencia en la mirada. Son el recuerdo de un país que tal vez se nos fue, en el Puerto Rico “deantes”, como cuentan las abuelas. En Puerto Príncipe se juega en pisos de tierra y con carritos de basura. Por las calles se construyen porterías de fútbol con latas y se vuelan chiringas blancas y negras, hechas de lo que encuentran.

Donde hay uno, siempre aparecen más. Como gotitas de agua que alimentan la tierra. Corren juntos, juegan juntos, se alimentan juntos. Si repartes dulces, aparecen las manitas, los empujones, la fila obligada del que espera. Pero si juegas sobre un piso anónimo y es hora de terminar, son capaces de agarrar la escoba y recogerlo todo. Eso, sin mediar una palabra.

Si pasas ciertos callejones en Puerto Príncipe, donde el piso está cubierto de basura y de los escombros que dejó el terremoto, verás la alegría. Detrás de una puerta de zinc o de cualquier sillita rústica en la vereda de alfrente, aparecen ojitos de mariposas, boquitas que tiran besos, miradas de asombro ante lo nuevo. Saltan las manitas que te saludan y corren detrás del carro para darte la bienvenida.

Si llevas tiza, te dibujan carros y corazones. Si le das cartón y pinceles, pintan flores, banderas, casas, iglesias, barcos y escuelas. Para jugar con ellos, cualquier cosa es válida, una lata, una piedra, un pedazo de tela o cualquier objeto que les haga volar la imaginación y olvidar lo que pasó. No esperan. No discriminan. No preguntan. Tienen las manos abiertas para comenzar, para construir, para dejar su huella.

Y cuando agarran confianza, que es pronto, verás cómo se ríen desde el estómago, en un lugar más abajo del hambre y la pobreza. En un sitio donde la miseria rebota lejos y lo que queda es el momento fijo, el instante. Pero también están los otros. Los de la mirada densa y caída. Los que no tienen padres ni madres, que a sus escasos años, son esclavos o son objetos del placer del que llega a venderlos, a prostituirlos, a satisfacer su animalidad.

Por esos, por los otros, por todos, es que hay que regresar, sabiendo que el terremoto abrió una zanja profunda en la tierra, que arrancó vidas y dejó heridas innombrables, pero también esa zanja abierta, dejó la opción de la siembra.

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Gloribel Delgado Esquilín

La autora es periodista, fotógrafa y maestra comunitaria. Gesta un proyecto artístico y de autogestión en comunidades haitianas, en la que se celebra la voz de la infancia y la de su gente. Info: gloribeld@hotmail.com

Publicado por DIALOGO DIGITAL EN SU EDICION ABRIL MAYO:

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http://dialogodigital.com/en/archivo/2010/05/dialogo-abril-mayo-2010

Puerto Príncipe, Haití-Cuando decidí visitar Puerto Príncipe en febrero pasado me subí al avión con una idea en mente: compartir la alegría.  Me fui con la cuarta brigada de médicos y enfermeros de Iniciativa Comunitaria, una organización boricua que se especializa en ofrecer servicios gratuitos a grupos marginados y a hacer misiones en diferentes partes del globo. Su norte es la solidaridad y la medicina humanista. Por eso, decidí viajar con ell@s  para poner en marcha esta otra misión de amor y arte, que me venía dando vueltas en la mente, desde que escuché sobre el terremoto en Puerto Príncipe.

Dos educadores y artistas, Axel Serrant y Liza Morales, se apuntaron también en esta misión. Había pasado un poco más de un mes del terremoto y Puerto Príncipe seguía en escombros. Allí imperaba el caos. Los tapones insoportables. Las filas de comida por todos lados. Hogueras con basura en casi todos las carreteras de la ciudad. Paredes a medio estar, bloques, basura, edificios compactados, carros militares corriendo de un lado a otro. Cadáveres bajo ruinas sin remover. En algunas zonas se sentía el olor a cuerpos descompuestos…. Pero dentro de todo ese malestar, lo importante era seguir enfocados en llevar risas, pinturas y abrazos. Esa era la misión.

Visitamos comunidades en la montaña (Petit Guave) y barrios en medio de la ciudad (Nazon, Tabarré, Cazeau). En algunos lugares, encontramos niñ@s muy afectados con el desastre, incluso algunos no paraban de llorar. En Nazon, nos contó una madre, que la niña (de unos 3 ó 4 años) sufría de insomnio y que estuvo enterrada entre los escombros que dejó el terremoto varias horas antes de que fuera rescatada. Keka, una traductora amiga, se me acercó y me pidió que fuera donde la niña. Yo estaba maquillada de payasa y tenía puesta las alas de mariposa. Me le acerqué para hacerle burbujas, pero la niña no paraba de llorar. Le hice muecas, cariñitos y nada. Yo no sabía hablar creole. Así que lo único que pude hacer fue enviarle mi amor desde la mirada. Era frustrante verla llorar sin saber cómo ayudarla.

Ese día, a diferencia del anterior, trabajamos con l@s niñ@s de forma individual. Me encargué de maquillarlos y de hacer burbujas con ell@s mientras los médicos atendían a sus papás y mamás. Comencé maquillando a unos chiquitos en la fila de la clínica. Me senté en el piso y les fui pintando las caritas, mientras se me iban derritiendo los maquillajes con el sol. Hacía un calor infernal.

Después de un rato, me fui a un espacio más fresco y pinté como a 10 niñ@s que fueron poniéndose en fila, mientras sus mamás se reían de mi maquillaje y mis alas de mariposa.  “Papillon, papillon”, me decían riéndose cuando me veían pasar.

Axel se encargó de jugar con par de niñ@s que bailaban al ritmo de su radio de baterías, que funcionaba cuando le daba la gana. Axel empezaba a bailar con l@s chiquit@s y de pronto, fuá, se acababa la canción. 😦

Como la radio no funcionó, Axel se inventó unos trajecitos de unas fundas de almohadas que le donó una amiga boricua. Los colores eran explosivos. Con eso, fue vistiendo a l@s chiquit@s, mientras yo les pintaba las caritas y hacíamos burbujas con jabón. Fue un domingo tranquilo, pero lleno de color y risa.

Nazon era muy distinta a Petit Guave, la primera comunidad que visitamos a dos horas de la capital y justo pasando por el epicentro del terremoto. Petit Guave quedaba arriba en las montañas, en una zona parecida al interior de Puerto Rico.  Mirar el paisaje te hacía olvidar un segundo que estabas en Haití. Tan cerca y tan lejos. Allí l@s niñ@s corrían felices por unos caminos de tierra y piedra. Bailaron y se rieron con Alex y Liza, que montaron un show en medio del barrio, mientras la misión médica atendía a más de 300 pacientes. Ese día trabajé en la farmacia de la misión, ayudando a Alejandra e Hidelisa que repartían medicinas y vitaminas a unos 9 médicos en plena faena.

Al tercer día fuimos a la comunidad de Tabarré, un barrio en el centro de Puerto Príncipe.  Para llegar al lugar, pasamos por unos callejones estrechos llenos de polvo y piedra. Las guaguas pasaban tan cerca de las casas que podíamos verle los ojos a la gente que nos observaba curiosa desde balcones y patios. Muchos niñ@s corrían por el estrecho espacio entre la guagua y las casas y nos saludaban sonriendo. De sólo verles, supimos que es@s niñ@s estaban listos para jugar y disfrutar. Se veían felices.

Llegamos a un solar desolado con un árbol frondoso en uno de sus laterales. Nos ubicamos en una fila militar para movilizar las cajas de medicamentos y en menos de 15 minutos, habíamos bajado todas las medicinas de la farmacia rodante. Mientras el personal médico se preparó para atender todas las personas que hacían fila bajo el sol, Liza, Axel y yo nos fuimos al árbol a preparar el espacio para l@s niñ@s.

Nos rodearon en minutos. En poco tiempo teníamos un público de más de 50 niños y niñas que no se despegaron de nosotros durante las 4 ó 5 horas que estuvimos allí. En todo ese tiempo, pintamos con tiza sobre bloques, bailamos bomba, rap, cantamos en creole y en español, jugamos peregrina, manoplazo, montamos un tenderete con tela, pintamos caritas con maquillaje de payaso y comimos dulces bajo el sol.

En un momento, me cuenta Axel, que hubo un temblor y l@s niñ@s corrieron asustados. Yo no los vi, pero es de entender. Las emociones de est@s niñ@s están frágiles. Por eso, el tiempo que jugamos, bailamos y pintamos fue mágico. Estaban completamente conectad@s con nosotros. Salimos felices de Tabarré y nos preparamos para el próximo día en Cazeau, donde un sacerdote del barrio nos anticipó que l@s pequeñ@s tenían miedo de regresar a la escuela.

En Cazeau, Liza se enfermó y Axel y yo nos hicimos cargo de l@s chiquit@s, que fueron much@s. Una escuela cercana movilizó a unos 50 estudiantes, que se acomodaron como pudieron sobre bloques y unos bancos en madera que no sé de dónde salieron. Todos bajo una lona militar que adornaba el jardín de una iglesia. Y,  luego se acercaron l@s chic@s del barrio, descalzos y muy tímidos, que se fueron acomodando por todas partes.

Allí habían como 100 pequeñ@s. Tod@s con ganas de reírse y jugar. Algunos tímidos, otros listos para brincar y jugar. Alex presentó un pequeño show teatral, bailó, cantó, mientras yo lo asistía con la cámara. Después repartimos unas 150 cartas escritas por niñ@s en Puerto Rico, República Dominicana y Florida. Eran cartas llenas de amor, hechas expresamente para ell@s. Ese momento fue emocionante, porque Liza y yo habíamos iniciado el proyecto en Bayamón, Puerto Rico y veníamos cargando con el amor de much@ niñ@s. Mucha buena vibra.

Repartimos yoyos, camisas, cuicas, collares en barro y en la tarde, cuando la mayoría de los pequeñ@s regresaron a la escuelita, unos 10 niñ@s se quedaron conmigo y pintamos en el suelo de una iglesia. Con cartón de la basura, comenzamos a pintar corazones, formas abstractas, escuelas, iglesias, carros. Y terminamos pintando sus caritas en pedazos de cartón pintorreteados.

Sin hablar creole y ellos sin saber español, nos entendimos. Lo que pasó esa tarde con esos niñ@s fue la chispa que me enamoró profundamente de Haití. En ese silencio de la creación sentí mucho amor. Ell@s concentrados pintaban y me traían los dibujos para que les diera mi opinión. Los celebré a tod@s y les pedí que usaran mucho, mucho color. Al final, un@ tres niñ@s comenzaron a limpiar todo el reguero que dejamos en el piso. Sentí orgullo y felicidad. Los vi hambrientos de aprender, de crear, de sanar. !Qué más necesitan! Lo tienen todo. Ahora, me toca a mí responder. Y motivar a otr@s a visitar esta tierra, para que comprueben con sus sentidos, su magia.

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Gloribel Delgado Esquilín

Puerto Príncipe, Haití

febrero 2010

En las fotos: Algunas de las comunidades que visité en el primer viaje a Puerto Príncipe, Haití en febrero 2010.


Puerto Príncipe, Haití- Están por todas partes.  Algunos corren descalzos, otros llevan chancletas. Pero sobre todo, aparecen felices con sus carritos hecho de una botella de agua o de jugo, perfectamente taladradas con sus 4 gomas de tapas. Carritos hechos de basura, pensaríamos nosotros. En realidad, son carritos hechos de materiales reusables, tan útiles  si se les sabe transformar.

Me contaron par de amigos que acá existían artesanos expertos en construir carritos de botellas. Pero, luego me enteré que muchos murieron en el terremoto del 12 de enero. Una verdadera pena la estela de muerte que dejó el desastre. Marcó todo y a tod@s…

… Vuelvo al carrito.

Me antojé de uno, porque quería ver la mecánica de este objeto y aprender a construir algunos parecidos para niños en Puerto Rico y aquí mismo, en Haití. Ese día, Caleb y Maritere me acompañaron a buscarlos por el mercado central de Puerto Príncipe. Buscamos por todas partes.  Atravesamos los mercados destruídos, los escombros y hasta vimos a dos personas que acababan de matar, por alegamente robar en unos mercados cercanos. Eran las 9:00 de la mañana. Habían cascos azules de las Naciones Unidas y policías haitianos custodiando los cuerpos. Maritere y yo temblamos de pies a cabeza, atravesamos aquella escena escalofriante, a plena luz del día y otra vez la muerte……..de frente y sin filtros.

Luego de un rato, recuperando el aliento, volvimos a buscar los carritos.

En los mercados no encontramos nada. De vuelta al campamento y caminando por el barrio donde vive nuestro amigo Caleb, vimos a unos chicos que se nos acercaron curiosos. Sabía que tenían que tener uno. Así que Caleb les preguntó y dimos con el carrito que aparece en la foto arriba.

Tan pronto le preguntaron, trajeron el carrito y lo mostraron. Se lo intercambiamos por una marioneta y par de gouds. Me sentí mal, pensando que dejaría a ese niño sin juguete. Pero, él me lo ofreció feliz. Quería sacarle unas piedras que tenía adentro y no lo dejé. Las utilizan para que el carrito no se les vire.  Y luego, cuando seguí mirándolo de cerca, descubrí que había una flor pillada aplastada entre las piedras. Una verdadera belleza.

Ahora este carrito es un símbolo, un recordatorio y un reto a crear juguetes con basura. Estoy clara. Existen mil mundos por transformar y lo mejor, mil posibilidades se abren, para crear, crear, crear.

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Gloribel Delgado Esquilín

Febrero 2010

Aquí una iniciativa multidisciplinaria que me envía mi amiga Rosalba Medina. En “Wishes for the Sky” se unen el arte, la conciencia ambiental y la poesía. Esta iniciativa es perfecta para Haití.  En los cielos de Puerto Príncipe vi muchas chiringas. Abajo los escombros que dejó el terremoto, arriba, las chiringas. Precarias y sencillas, pero al viento y en lo alto. Desde pequeña me han gustado las chiringas y esa imagen de libertad que se respira cuando las vemos alzar. A volar los sueños y a construir chiringas en Haití, en Puerto Rico, en el mundo!!!!

Disfruta del video.

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Gloribel Delgado Esquilín

Trujillo Alto, Puerto Rico

Abajo fotos de Logan en Haití y algunos niñ@s que se divierten con sus chiringas hechas de palitos y pedazos de plástico de la basura.

Más info en: http://www.wishesforthesky.org/

Blog:http://loganinhaiti.blogspot.com/2007/05/kites.html

Fotos Logan

Me remonto a ese momento de la creación.  A ese instante maravilloso en que construimos algo de lo invisible a lo visible. Del cartón salen formas, de los pinceles personajes, de la boca una gran risa o el brillo en los ojos de que algo nació. Ese segundo en que se transforma una idea en cosa, palabra, canción. Ese es el momento que más me llena cuando trabajo con otr@s creando.

En Haití, esos días que pasé compartiendo con niños, niñas, jóvenes, mujeres y hombres, sentí una sed inmensa por crear. Las manos abiertas para hacer, las ganas vivas por aprender. La otra noche, estaba en una charla de Unicef en San Juan y dijeron cifras alarmantes, que me ponen los pelos de punta y me enfilan las ganas para seguir ideando proyectos en Haití.

El 40% de la población en Haití son personas menores de 15 años,  el promedio de vida es 45 años, con el terremoto desaparecieron unas 5,000 escuelas, 2.9 millones de niñ@s no tienen acceso a la educación y uno de cada niñ@ en Haití es registrado por sus padres al nacer. O sea, que no existen cifras exactas de cómo anda la niñez en el país. Estas cifras hay que examinarlas desde todos los ángulos, porque son cifras preocupantes. Con todo esto en mente, me reafirmo que el arte y la educación son herramientas vitales para que Haití camine con sus propios pies. Son los jóvenes los que levantarán esa nación y son esas escuelas, esos libros, esos estudios los que formen estructuras más fuertes que edificios en cemento y a prueba de cualquier catástrofe.

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Gloribel Delgado Esquilín

Trujillo Alto, Puerto Rico

3 de mayo 2010

En la foto: Construyendo libros de cartón recuperado en la iglesia Nostre Dame de Cazeau, Puerto Príncipe, Haití


Puerto Príncipe, Haití- Fer parecía una máquina. Hizo cuatro dibujos en menos de 10 minutos. Se reía, gozaba, quería que le tomara fotos y más fotos. Me enamoré de sus colores, de las formas claras de su emoción, de sus dibujos abstractos y tan tiernos. Fer es el artista natural más talentoso que he visto en años.

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Gloribel Delgado Esquilín

Comunidad Cazeau, Puerto Príncipe, Haití

22 febrero 2010

Puerto Príncipe, Haití- Tenía 15 pinceles, 4 potes de pintura ,varias crayolas, una resma de papel en blanco y tres cajas de cartón que agarré de la basura. Yo no hablaba creóle y ellos no hablaban español. Pero teníamos muchas ganas de pintar y jugar. Y jugamos.

Nos sentamos en el piso de la iglesia Nostre Dame de Cazeau, en Puerto Príncipe, y comenzamos a comunicarnos con colores. Ellos repetían a coro: “rougeeeeeeeeee, bleauuuuuuuuuu, noirrrrrrrr”. Y me señalaban los colores con los dedos, mientras yo repetía como pude los colores en francés. Ellos no paraban de reírse y yo no paraba de gozar. Les expliqué con señas algunas instrucciones y comencé a pintar. Ellos no perdieron tiempo y se tiraron al piso a embarrarse.

Unos agarraron crayolas y dibujaron escuelitas, iglesias, casas con colores claritos, banderas haitianas gigantescas. Otros copiaban el dibujo de corazón que comencé a hacer en el medio de un cartón. Uno de ellos, Fer, dibujó la cara de un mono, una casita en rojo, otra en azul y muchos dibujos abstractos a una velocidad luz. Se paraba, corría hacía mí y me pedía que le tomara fotos. “Click”, otra vez “click”, otra vez.  Todos querían fotos y competían para ver quién dibujaba más rápido y se paraba frente a la cámara. Se ensuciaron la ropa, las manos, todo el piso y de pronto, hubo un silencio. Estaban todos concentrados. No sé cuánto tiempo pasó, pero desde ese momento supe, que regresaría a Haití muchas veces.

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Gloribel Delgado Esquilín

Puerto Príncipe, Haití

22 de febrero 2010